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martes, 12 de abril de 2011

BOLAS Y ATAUDES

Hoy he vuelto a presentir todos aquellos objetos que ruedan
y avanzan sobre el suelo su pesado ornamento,
los muertos caminaban como buques fantasmas
arañando la niebla,las válvulas,las sumas
de todo lo que se debía,
muerte fresca vendida en grutas,
pasos que avanzan imprecisos por la desnuda cañería,

–un ser amargo levanta las hileras
mientras evoca una canción desde ultratumba–.

Los cuervos no eran más que dos juguetes con los muelles torcidos
por una superficie de grasa helada que marea
y por sus tripas abiertas se roían enteras las cigarras metálicas
y el marino embestía con su reflejo en lo profundo del laberinto
y algunos brujos iban narrando nuestros destinos
y sobre la tablilla de cera mientras afuera se hacía la luz
en el interior de las piedras
todo lo que rodaba se había conseguido.
Los niños harapientos buscaban las cenizas
de aquellos que vivían en la grieta de un árbol.
Se alimentaban de sus raíces y lucían
sus brillantes diademas sobre la gasa.
En la herrumbre magnífica de las estatuas y de los edificios,
trozos de cuero negro sobre la arena del desierto,
la ciudad levantada sobre fragmentos de cristal
con el beso de la arena caliente.

La ciudad escondía en sí misma el escenario

y una epidemia de cicatrices saturadas,
labios que piensan,
manos que despeinan
malcomunican acento y cerca sobre la máscara
patinan anchas sobre estas cartas congeladas
sobre estas cartas congeladas sostenidas por viejas
que se hacen con la izquierda la señal de la cruz

¡Oh,cuánto viejo sapo con ojos de cristal
y cuántos niños santos merodeadores
presagiando la guerra civil!
¡Oh,los brujos satánicos
cuyas frentes se estrechan
y los bellos pianos como azules gaviotas
sodomizados por las calaveras!
¡Oh por las manos que revisan en sus cosechadoras
la sangre ajena!
Un viento frío y seco lamía las esteras
y las manos sedosas recogen las cabezas
y las arrojan a los cubos.
Rotas las rosas,
quemados,incendiados,los palacios
sonaban como campanadas.

Pantallas de hormigón,
mural de catedral desvencijada,
madera blanda sucia y carcomida,
fantasmas de salitre cercados por el humo,
doradas amazonas.

XILÓFAGOS EN EL TRÍPTICO

XILÓFAGOS EN EL TRÍPTICO

Judas frotó contra Dalila

su órgano copulador de sangre tóxica

y fue configurado de inconsciente manera

el diabólico parto,

la concepción satánica que todos acallamos.

Fue el periodo larvario de las razas hambrientas

de las lunas menguadas y las cruces

Devastadora creció la criatura.

Cada uno de nosotros la alentaba en su pecho sin saberlo.

Infancia, madurez y juventud

forman el tríptico

de podridas entrañas desde siempre.

Es un mal material el que tenemos

y es doloroso cargar a las espaldas tanta muerte

disfrazada de vida y de ilusiones.

Es estúpido hacerse el descreído

por tener muchos años o haber vivido mucho.

¿Fue elegante tu farsa

acostumbraste a todos a creerte

o fuiste tú también una mentira?

¿Qué ridículos cuentos en cofres de cristal has inventado

para legarlos luego?

Es un juguete roto el que tenemos.

Somos niños felices que imaginan

nuevas utilidades al objeto

completamente inútil de por sí.

Contemplemos el tríptico,

sus vívidos colores, su hermosura,

sus goces sensuales y su luz armoniosa.

Y sabed que el artista

también sufre el crujido de su obra creadora.

Mas ignoremos

los maxilares tensos del insecto.

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